El contenido de esta obra ha despertado el interés de los/as aficionados/as, que han valorado “la valentía” del autor para firmar lo que muchos piensan, a través de los temas que ha trasladado a las páginas de “El trampantojo”. El interés y la curiosidad suscitados, además de la aprobación del nuevo Reglamento Taurino de Andalucía -Decreto 87/2025, de 26 de marzo-, que nace según sus impulsores como “un modelo para toda España y un texto normativo de referencia”, ha obligado y animado, al autor, a imprimir y poner a su disposición, la segunda -2ª- Edición ampliada del mismo; apuntalada por el prólogo y el epílogo, respectivamente, de dos escritores, primeros es padas de la actualidad taurina de este país, dos visiones diferentes, unidos en la defensa de la Tauromaquia: el abogado y cronista taurino, Domingo Delgado de la Cámara y la Doctora en Historia, Laura del Rey.
El nuevo Reglamento Taurino de Andalucía, fruto del trabajo realizado desde la Consejería de la Presidencia, Interior, Diálogo Social y Simplificación Administrativa, de esta Comunidad Autónoma, ha perdido la oportunidad de defender a la totalidad de los administrados, entre los que se encuentran el público en general y los aficionados taurinos en particular, haciendo valer la máxima de cualquier administración “que prime el interés general sobre el particular”. En la redacción del texto aprobado, aunque los implicados lo nieguen, se observa la mano de los actores más poderosos del mundo taurino en estado puro: algunos toreros, apoderados, asociaciones profesionales, algunas cuadras de picar y empresas; primándose los privilegios de estos, por encima de la liturgia taurina, la integridad y la pureza de la Fiesta.
Tal y como descubrirán en las páginas del libro dedicadas a este tema, en esta segunda edición ampliada, tras la lectura de la nueva norma, que según sus impulsores es “producto del diálogo y el consenso con las partes implicadas…”, que muchos/as aficionados/as taurinos han esperado con ilusión, espoleados por las declaraciones grandilocuentes realizadas por los responsables Consejería andaluza encargados de su realización, ha sido como “retirar el velo que cubre la obra” en la que teníamos puestas nuestras mayores esperanzas, descubriendo con desilusión que no es lo que parecía, que era, una vez más, un trampantojo.